La Edad de Oro

Autor: Walter Jakob y Agustín Mendilaharzu Ciudad: Buenos Aires Genero: Comedia dramática Duración: 90 minutos Dirigida: público adulto

El coleccionismo es una pasión. Los avatares de la vida pueden hacer que esa pasión merme o desaparezca, y que las colecciones pierdan sentido y se desintegren. Pero siempre habrá nuevas generaciones de coleccionistas ávidas de nutrirse de lo que las anteriores dejan y devolverle su vida y su aura.
En Mar del Plata, en algún momento de este siglo, un joven flechado por los discos de vinilo llega a la guarida de un veterano coleccionista que, con dolor, ha comenzado a desprenderse de su tesoro. El rock es una religión demasiado masiva para unirlos pero, al descubrir que ambos son fanáticos de Peter Hammill, se da entre ellos una identificación brutal, como entre miembros de una secta o una logia secreta. La llegada del joven es también la de una versión posible, lozana y tal vez mejorada, del pasado del veterano.

Ficha artística y técnica:
Autores: Walter Jakob y Agustín Mendilaharzu
Elenco: William Prociuk, Pablo Sigal, Walter Jakob y Denise Groesman.
Escenografía: Magali Acha
Iluminación: Adrián Grimozzi, Eduardo Pérez Winter
Ilustrador: Ignacio Masllorens
Diseño Gráfico: Lady "R" y Andrés Mendilaharzu
Colaboración Artística: Alberto Ajaka
Asistencia de Dirección: Agustín Godoy
Producción Ejecutiva: Carolina Martín Ferro
Dramaturgia y Dirección: Walter Jakob y Agustín Mendilaharzu

Este espectáculo formó parte del ciclo Proyecto Manual 2011 del Centro Cultural Rojas. En 2012 realizó su primera temporada en el teatro El Extranjero de la ciudad de Buenos Aires, y en mayo de 2013 comenzó su segunda temporada.

Dijo la crítica:
"Entre los aportes de esta renovación hay que valorar especialmente el espectáculo La Edad de Oro, de Walter Jakob y Agustín Mendilaharzu, que constituye sin duda uno de los grandes acontecimientos del año en el circuito independiente (?). Con dramaturgia, dirección y actuaciones notables (?). Resulta conmovedor el desenlace (que no detallaremos) como utopía, no sólo de un acuerdo intergeneracional (el poder trabajar todos juntos), sino también de poder seguir siendo quien se fue a través de los años. (?). La edad de ero afirma la micropolítica como un lugar, ya no de resistencia, sino de pertenencia, integración y fluidez existencial. Un espectáculo con lo mejor del teatro independiente: investigación, riesgo, relevancia simbólica y una poética innovadora y teatralmente muy efectiva". Jorge Dubatti / Diario Tiempo Argentino.

"El argumento es sencillo, pero La edad de oro habla sobre algo más que una transacción económica. Es, sobre todo, una obra sobre el paso del tiempo; sobre la llegada a la adultez y el fin de una época; sobre el abandono de aquello que forjó la educación sentimental de un par de personajes entrañables que encuentran en ese jovencito un espejo. (?) Con un humor inteligente, una emotividad tan profunda como sagazmente controlada y un pulso narrativo firme, La edad de oro viene a consolidar aquello que la primera obra de esta sociedad teatral insinuaba: nada menos que la creación de un mundo propio". Alejandro Lingenti / Revista Inrockuptibles.

"La escena inicial, que parece de los años 80, casi que se pone al público en el bolsillo: un pibe de veintipico, con la ansiedad y torpeza de quien está por debutar, revuelve con fruición una batea con discos de vinilo. El dueño, con cara de pocos amigos, relojea a su atolondrado huésped, a quien aconseja lacónicamente: "discazo", "imperdible", "nacional", "extranjero". El interesado está dispuesto a dejar lo que no tiene por joyas de Talking Heads, Leonard Cohen, Paul Simon y Los Beatles. Pero hay uno que lo puede, que lo enceguece, como al dueño de la disquería. Se trata de Peter Hammill, un músico de culto que despierta pasiones inexplicables. (?) Cada viernes, a las 23.30, la sala El extranjero (Valentín Gómez 3378) desborda con "La edad de oro". Un párrafo para el elenco, que funciona a la perfección". Javier Firpo / Diario La Razón.

"La edad de oro es la obra que todo coleccionista, pero también todo músico o melómano debería ver. Una extremadamente divertida y algo masculina (¿por qué será que el coleccionismo parece ser, salvo excepciones, una cosa de hombres?), que se permite el lujo de cerrar las escenas con la música (reproducida, por supuesto, en vinilo y en un tocadiscos) sobre la que los personajes discuten y mantienen largas competencias de absurda erudición. Jakob y Mendilaharzu, entonces, lo han hecho de nuevo. Y vuelven a demostrar (como lo está haciendo buena parte de su generación) que la inteligencia, la emoción, la sofisticación y el humor son elementos que pueden ir juntos, siempre que alguien se lo proponga.". Maximiliano Tomas / Diario Perfil

"La dupla central del teatro off. Son amigos casi desde antes de nacer y, juntos, renovaron la escena con filosas comedias con un inusual poder dramático." Damián Damore / Revista El Federal

"Después de "Los talentos", celebrada primera obra de la dupla de directores, llega otra historia de amistad soldada con la afinidad en las elecciones culturales (antes eran los sonetos, ahora los vinilos de rock y el fanatismo por Peter Hammill) llevadas al extremo de la obsesión. Una obra sobre el paso del tiempo, sobre la llegada de la adultez y el final de una época. Con un humor inteligente, una emotividad tan profunda como sagazmente controlada y un pulso narrativo infrecuente (?) Una de las joyitas secretas del año." Inrockuptibles. Los Inrocks / Balance teatral año 2011

"Víctor, Horacio, Julián y Guillermina (?) superpondrán sus errores y falencias para que las cosas terminen saliendo bien: los que se tengan que hacer hombres, que se hagan hombres, que las remeras marplatenses sean vendidas, y que un crimen menor, un latrocinio de cadetes, burle la antipática ley. Y aun así, como pasa en las películas de Capra, ¿por qué esa persistencia de la nostalgia? ¿Por qué el desenlace perfecto y animado nos deja tanta tristeza entre los ojos? Tengo para mí que esto ocurre porque no se trata de una comedia (en la que -ya lo dije- pasa cualquier cosa) sino de una tragedia, sólo que en esta la expectación de hecatombe no es confirmada, sino minada sorpresivamente por el optimismo. Uno sale del teatro con la agridulce sensación de que vivimos en un país que se va a desarrollar, que la gente en el fondo es buena, que el ingenio triunfa frente al desamor. Ilusiones todas por las que vale la pena pagar tan módica entrada. Después de todo, no hay ley que prohíba que la realidad se parezca tarde o temprano a lo que los hombres representan de ella para su futuro. (?) Celebro que lo que arrastre a las piezas hacia su final sea -a veces- tan impredecible, tan sorpresivo, tan vital, tan en contra de lo que el teatro se ha armado como razones para sí mismo, que realmente se justifique con creces mi presencia como espectador en la oscuridad de la sala." Rafael Spregelburd / Revista Otra Parte.

"Cada uno debería tener "una carta de Peter Hammill" guardada en algún bolsillo para mirarla, de tanto en tanto, cuando sienta que ha perdido demasiado el rumbo, de alguna o de otra manera. Además de hacerte bajar decenas de discos de Hammill, la obra es una buena forma de enfrentarte a vos mismo en tiempo presente y hacerte pensar en cuál es la Edad de Oro con la que te vas a quedar de todas las que te tocaron, te tocan y te tocarán vivir. Tal vez no sea una sola, tal vez todas las edades tengan sus momentos "de oro". Giego Lerer / www.otroscines.com.

Muy Buena. "Pero lejos de la melancolía, Víctor y Horacio bien podrían estar a punto de entrar en una nueva edad dorada para ellos, y de eso mismo se trata la obra. Tal vez estén en condiciones de entregar su legado a la joven generación y metabolizar sus sueños en aventuras diferentes." Cecilia Absatz / Revista Noticias.

"La relación con esos discos es tan íntima que conmueve. El mundo de los melómanos se cruza con la necesidad de mirar hacia el futuro desprendiéndose del pasado. La obra propone esa peculiar manera de ligar la historia personal con los objetos que acompañan un momento de la vida -un gesto tan propio de la adolescencia- y que nos permite recordarlo luego, cuando ya habitamos otro lugar." Celia Dosio / www.elcircuitodeteatro.com.ar

"Con una escenografía adecuada, con la cual uno no puede dejar de reconocerse, las actuaciones son puntuales para lo requerido. Ternura, celos, envidias se conjugan junto con el amor, el deseo reivindicatorio y el compañerismo para crear una puesta que es un homenaje sentido a todos los coleccionistas, aquí reflejados a través de los discos." Daniel Gaguine / Semanario Noticias Urbanas.

Sobre los autores:
Walter Jakob y Agustín Mendilaharzu (Bs. As. 1975) son amigos desde su nacimiento. En su adolescencia se aficionaron al rock y al coleccionismo. Estudiaron cine, actuación y dramaturgia. Trabajaron en decenas de obras de teatro y de films. Escribieron y dirigieron dos obras en colaboración: Los Talentos (premio Trinidad Guevara Mejor Autor 2010, Premio S, participó del FIBA, el Festival de Rafaela y festivales de España, Estonia y Chile) y La edad de oro (Premio Dirección Teatro del Mundo 2012), ambas actualmente en cartel en la ciudad de Buenos Aires, en su cuarta y segunda temporada respectivamente.

Funciones
  • 16/7/2013 - 21:00 - Centro Cultural La Máscara
  • 16/7/2013 - 23:00 - Centro Cultural La Máscara - Función Oficial