Madrugada tornasolada en algún rincón del extenso y aplanado desierto pampeano de polvo estéril y escarcha maldita. Tiempo pasado todavía no pisado por la bota civilizadora y alambradora del progreso blanco. Tres indios de una indómita tribu, regresan trasnochados a su toldería tras una agitada noche de malonaje y canibalismo. Sigilosos, pero siempre cabreros, se recuestan al lado de una india vieja que duerme la mona debajo de un poncho gigante. A un costado, un perro sucio y famélico le aúlla a una luna gigante preanunciando la inminente llegada del hombre civilizado.